Una noche, una esperanza

Lluvia, penumbra  y ecos retumbantes envuelven el humilde hogar de aquel hombre en alguna colonia del populoso municipio de Naucalpan en el estado de México. En el interior una luz tenue permite distinguir las pertenencias austeras de este adulto mayor, al tiempo que un recipiente de peltre anuncia con sutiles movimientos y ligeros sonidos que el agua se encuentra lista para el café del sur de Veracruz que habrá de disolverse para dar un gusto al paladar y ahuyentar un poco el cansancio.

Aquel hombre no es otro que Don Zeferino Ladrillero, veterano y experimentado luchador social ó bien defensor de derechos humanos en el estado de México, cuyo andar por el mundo desde hace muchos lustros ha traído, entre otras consecuencias, un serio y a veces insoportable dolor en las rodillas; dolencia cuya existencia reclama cuidados y distancia sanitaria de la calle, pero sobre todo de las marchas y movilizaciones a las cuales tanto asistió y convocó. Sin embargo su trayectoria inspiró e inspira para que la lucha se mantenga en muchos frentes y en honor a él se nombrara un Centro de Derechos Humanos en las pantanosas y adversas tierras mexiquenses.

Con la dolencia dominada prepara y sirve su café, hace un espacio en su escritorio y lentamente toma posición para leer el informe que le han hecho llegar sus compañeros y compañeras defensorxs, ya que se acerca el segundo aniversario de eso que se ha dado por llamarle Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero. Acomoda sus grandes lentes, da un sorbo a su café y clava su vista en aquellas hojas de un insinuante papel revolución.

Al Defensor de Derechos Humanos le concita bastante humor la redacción de la admirable coordinadora del área de formación y difusión del CDHZL cuando le explica las vicisitudes que ha vivido para puntualizar el nombre correcto del Centro en los innumerables talleres, encuentros y reuniones donde nos representa:

“Al Centro de Derechos Humanos nos han llamado Zeferino Tabiquero, en clara confusión entre un ladrillo y un tabique, normal en aquellas personas que desconocen la fundamental labor de la albañilería; también hemos sido nombrados como el Centro Fray Zeferino Ladrillero asumiendo una vocación distinta a la de su persona, ya que no fue precisamente la opción por los pobres la que lo hace grande y admirable sino la congruencia y lealtad con los suyos, precisamente los y las pobres; y por si fuera poco nos han llamado CDH Zeferino Guerrillero, aquellos y aquellas quienes de forma genuina y honesta asumen que el corazón cálido y la Verdad son auténticas armas de paz aunque eso destroce toda lógica racional.”

La sonrisa de Don Zefe ilumina un poco más su morada y mucho más su mirada, la cual se convierte rápidamente en semblante de reflexión cuando lee los textos de las coordinadoras de las áreas de documentación, defensa no jurisdiccional y la de jurídico, tres comprometidas jóvenes cuya labor trae de cabeza a bastantes funcionarios públicos, sin embargo denota que siguen existiendo bastantes abusos de poder, represiones, persecuciones, intentos de despojo de recursos naturales, discriminación, feminicidios, presos inocentes, ni se diga presos políticos, tortura, amenazas, hostigamientos, y un largo y agobiante etcétera que constituyen las violaciones a Derechos Humanos en el estado de México y en el país en general.

Se distingue un suspiro en el pecho del luchador social, ahora son las letras del noble Secretario Ejecutivo del Centro de DH las que animan y dan esperanza en lo humano:

“… sin embargo hemos tenido el honor de caminar con personas cuya existencia y labor dejan testimonio de la dignidad de formaindividual y colectiva en los y las de abajo, por ejemplo de los y las otomíes de Xochicuautla, Huitzizilapan y Magú, guardianes de sus Bosques y sus Montes; así como de las y los Nahual de Coyotepec y Tlanixco, guardianes del Agua quienes junto con las y los pobladores de Tecamac han dado lecciones de vida de cómo se defiende el vital líquido; no se diga de lxs campesinxs de San Salvador Atenco, guardianes de la Libertad y de la Tierra, referente nacional de resistencia; también hemos compartido con habitantes de Tepotzotlán, Santa María Tianguistengo, Cañadas de Cisneros, Temascalapa, Cahuacán, guardianes del Medio Ambiente de sus respectivos pueblos; así mismo nos hemos asombrado ante el valor de mujeres víctimas de violaciones de derechos humanos que ante un sistema de justicia omiso se han mantenido de pie exigiendo pleno acceso y respeto a sus derechos como lo son las señoras Gabriela Sánchez y Cristina Juárez, ambas integrantes del Movimiento por la Paz; estrechamos las manos de valiosxs profesores y profesoras del Magisterio Mexiquense contra la Reforma Educativa, guardianes del derecho a la Educación, personas que con su ejemplo enseñan a luchar no sólo a sus alumnos y alumnas sino también a los padres y madres de familia de las colonias populares donde laboran; hemos compartido talleres y conocimientos con los guardianes de la cultura y la solidaridad, colectivos que van de los municipios de Nicolás Romero hasta la mismísima Cd. Neza, incluyendo claro está, a universitarios y universitarias principalmente de nuestra máxima casa de estudios  del país; y por si fuera poco nuestro andar nos ha permitido conocer a respetables defensoras y defensores de Derechos Humanos miembros de Organizaciones de la Sociedad Civil tanto en el ámbito nacional como en el internacional y a personas honestas que se desempeñan en instituciones de DDHH tanto connacionales como extranjeros: aunque más recientemente las fronteras territoriales del estado de México se tuvieron que superar cuando hubo necesidad de brindar defensa legal para presos defensores de los pueblos del volcán Popocatépetl de los estados de Puebla y Morelos…”

Aunque pareciera lo contrario, don Zeferino sabe que se ha hecho el esfuerzo por sintetizar, se rasca la cabeza y voltea la mirada al techo de su cuarto, como si allí buscara las respuestas escritas a lo que pasará ante tanta violación a derechos humanos, pero también ante tanta Dignidad de las personas que luchan…

Don Zeferino se dispone a dormir, afuera los ruidos anuncian tempestades,  sin embargo su rostro moreno dibuja alegría y decisión, apenas dos años y el nombre de un defensor común y sencillo se ha encontrado con decenas y decenas de defensores y defensoras comunes también, quienes con su día a día hacen de los Derechos Humanos una herramienta al servicio de la liberación de los pueblos y así es como adquieren sentido todos esos enunciados.

CDHZL segundo aniversario

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